El segundo círculo de la difusión de la industrialización lo forman los países más periféricos a Gran Bretaña: Escandinavia, el Mediterráneo, Rusia y Japón. Todos ellos son economías agrarias con poca capacidad de crecimiento que adoptaron las innovaciones de la Revolución Industrial mucho más tarde y con una intensidad insuficiente para transformar sus economías. La opción por un crecimiento complementario basado en la división internacional del trabajo les proporcionaba una gran oportunidad de desarrollo. Sin embargo, cada uno de ellos estaba dotado de materias primas y mercados diferentes que contribuirán a industrializaciones distintas.
En primer lugar, encontramos la periferia norte: Holanda y Escandinavia, con atractivas oportunidades de crecimiento pero limitada por la escasez de carbón. A partir de 1870, estos países se industrializaron rápidamente gracias a la explotación de materias primeras (hierro, madera, brea, alimentos) con una demanda creciente, la disponibilidad de capital extranjero, el incremento y la mejora del transporte, la proximidad a grandes mercados demandantes, pero sobretodo por el Know How que permite adaptar los nuevos procesos y fuentes de energía de la Segunda Revolución Tecnológica. Lograron pasar de la artesanía a la producción de productos semi elaborados (lácteos, pasta de papel, conservante...), a manufacturas (sierras eléctricas, separador de cremas, componentes automoción, pasta papel...) y a la creación de patentes (dinamita).
En segundo lugar, encontramos la periferia sur: Italia y la Península Ibérica, con estructuras políticas y sociales tradicionales y dependientes de una agricultura poco productiva que impedía disponer de capital y de un mercado suficiente. Atrapados en una economía de auto consumo, se especializaron en productos destinados al exterior (aceite, vino...). Los recursos energéticos útiles como el carbón, sólo disponible en el norte de España, escaseaban además de padecer , una pésima comunicación. No obstante, a partir de la 2ª Rev. Tecnológica, Italia generó electricidad aprovechando las oportunidades de los Alpes. Los productos clave que fueron exportados fueron el vino, el aceite de oliva y sobretodo en España, los minerales que en 1879 se convirtió en el primer exportador mundial de cobre y plomo. No obstante, ambos países se dirigían a mercados regionales, poco profundos con escasa conquista de mercados exteriores. Las infraestructuras, claves para la industrialización, sólo se podían llevar a cabo endeudándose. Los esfuerzos de internacionalizar algunas pymes fue escaso, pero sectores como el tabaco en España fue muy rentable gracias a la producción de cigarrillos y a la especialización de libritos de papel y cajas de cartón. Por otra parte, otros factores que contribuyeron en la lenta industrialización de estos países fueron la poca importancia que se le daba a la educación, el desarrollo de una política librecanvista y sobretodo el caciquismo. No obstante, a partir de la crisis de los años setenta se implanta una política proteccionista y nacionalista que favorece algunas regiones y sectores. Fue importante en Italia la producción de maquinaria de pequeña precisión, la fabricación de neumáticos, la transformación de productos alimentarios... para lograr crear un mercado interior pero con importantes limitaciones por ser una economía dual. A pesar de ello, la periferia sur no consigue una industrialización suficiente.
En tercer lugar, encontramos a Rusia y a Japón, dos países que deciden modernizarse por motivos políticos y no económicos como el resto. En el caso de Rusia el principal obstáculo era la escasez de mercado. La economía rusa era atrasada y poco productiva a causa de la servidumbre y de la miseria ocasionada por las elevadas imposiciones fiscales. La derrota a la guerra de Crimea (1854-1856) reflejó la necesidad de modernizar la agricultura, impulsar la industria pesada y construir una red ferroviaria. Las primeras medidas se establecieron en la agricultura: eliminación de la servidumbre, aumento de la explotación de tierras, y aprovechamiento de los excedentes que generan los Kulak. Por otra parte, el estímulo para la industrialización fue la participación del Estado en la creación de una red ferroviaria y la industria pesada (minería, siderurgia...). La finalidad era primordialmente militar pero las diferentes medidas facilitaron el transporte interior, el comercio (carbón, cereales) y la importación. Así, se pudo avanzar mucho en la construcción, pero a costa de un fuerte déficit de la balanza comercial, de un creciente endeudamiento exterior y de un malestar social.
En Japón, la derrota contra occidente puso las bases para querer modernizarse y conseguir una economía y un ejército potente; ya que hasta entonces era una economía atrasada basada en una agricultura tradicional organizada feudalmente como Rusia, pero con mejores condiciones y con una tradición de productos de lujo (seda, papel...). La Revolución Meiji (1868) significó la eliminación del feudalismo y la modernización del país por motivos nacionalistas y políticos. En la agricultura, la propiedad de la tierra fue cedida a los payeses y se sustituyeron las rentas en especie por dinero (impuestos sobre la tierra). Sin embargo, el rendimiento del arroz creció notablemente. A diferencia de Rusia tenía un menor desequilibrio industrial y un alto nivel cultural a causa del confundismo que contribuyeron en una mayor productiva industrialización. Ambos países apostaban por I+D pero Rusia a diferencia de Japón no pretendía desarrollarlo.
Hasta 1881, la intervención del Estado, la importación de técnicos, la construcción de una red ferroviaria y la importante industria de la seda contribuyeron a la industrialización, pero a partir de 1881, tras las crisis, incrementan los impuestos, se venden a particulares fábricas modelo, se consolidan grandes corporaciones industriales y financieras (Zaibatsu), las cuales destacan en el sector del algodón, el Estado impulsa la siderurgia de Yawata... Pero, el crecimiento industrial fue posible sobretodo por la conquista de mercados exteriores (Taiwan, Corea, Manchurria).
La industrialización y el comercio exterior permitieron un crecimiento importante pero insuficiente; el sector secundaria japonés continuaba dependiendo de la industria tradicional (seda). El modelo de crecimiento industrial japonés basado en el capital extranjero y la expansión militar, volvió a comportar deuda e inflación.
En conclusión, actualmente algunos países del segundo círculo padecen limitaciones para crecer como Rusia pero otros como Japón son grandes potencias. Durante los años de adopción de las innovaciones y de los procesos de la segunda Revolución Tecnológica son países atrasados, pero actualmente gracias a la globalización y a las oportunidades de cada país van de la mano con los del primer círculo. Un ejemplo, seria el caso de España e Italia, países con escasas oportunidades de crecimiento durante el siglo XIX que hoy forman parte de la unión Europa. La evolución de estos países refleja la importancia de invertir en I+D, en educación y de apostar el Know How aparte de importar el capital necesario para potenciar más las oportunidades de desarrollo.
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